domingo, 27 de marzo de 2011

Nunca unas orejas dolieron tanto: la muerte del autoestima

Como dice Maslow (psicólogo humanista) las necesidades de los niños son comer y sentirse seguros, luego, en la adolescencia, nace la necesidad de pertenecer a un grupo de amigos, y aquí, en la adolescencia, también hay brotes de la necesidad de una autoestima.
Muchos dirán que si no me quiero o que si no tengo autoestima; en parte tienen cierta razón, mi autoestima está dañada desde que tenía unos 9 años.
Yo nací con una deformidad en las orejas llamadas "orejas de soplillo", esto no significa que las orejas sean grandes, sino que están dobladas hacia adelante, y da la sensación de que son grandes (¡encima!). Hasta los 9 años nunca le había dado importancia a mis orejas, pensaba que eran normales, pero, con 9 años los niños empezaron a insultarme por ese motivo, la primera vez que me llamaron Dumbo en el colegio me quedé extrañado, sin entender el por qué.. ese mismo día me miré al espejo y me di cuenta de que mis orejas no eran "normales". Desde ahí, sólo fue el comienzo de un dolor que duraría casi 7 años. Durante los años que estuve entre los 10 y 14 años tuve que aguantar todo tipo de insultos (arepas, Dumbo, orejón, feo), contando también las risas de la gente al verme o las miradas burlonas, la gente se reía de mi sin cortarse, y, cuando digo gente, puedo referirme tranquilamente a más del 60% de la gente que tenía que ver a diario.
Entre los 13 y 15 años fue algo jodido, pues en esas edad era cuando empezaba a fijarme en las chicas y a ninguna le gustaba,  ¿quién iba a querer estar con alguien que era tan feo y que gran parte de la gente se reía de él? pues casi nadie. Y con las amistades era algo más bien parecido.. nadie quería tener como lastre a alguien de quien se ríen, pero, gracias a Dios, sí habían personas que me dieron su amistad.
Una vez me dijeron: "el dinero que se gastan tus padres pagándote este colegio lo podrían usar para operarte esas orejas", lo dijo como con un asco.. que todavía tengo la frase muy presente en mi memoria. Otra vez me dijeron..¿has probado con cinta adhesiva? y yo, de gilipollas, esa misma tarde me puse cinta adhesiva en las orejas como un intento desesperado, pero, evidentemente, no funcionó.
Ya cuanto tenía 15 años, durante el mes de abril, lo necesitaba, y entonces le pedí a mi madre que en mayo si no me regalaba nada por mi cumpleaños me daba igual, pero que me ayudara, que me llevara a un cirujano plástico, y tras muchos días para convencerla.. lo conseguí, y tras 2 consultas con el cirujano, había conseguido fecha para julio, recuerdo que el tío me dijo.. ¿qué día te viene mejor?, y yo le dije desesperado: cuanto antes mejor.
Sin duda, lo peor de la preparación para una operación no es la operación en si, sino sacarme sangre para la analítica, termine muy mareado, como siempre que me hago las analíticas. Pero, el día de la operación fueron nervios y hasta alguna lágrima, no por miedo, más bien de alegría, de ilusión.. de decir.. que ganas tengo de arreglar este peso de encima que llevo arrastrando tantos años.
La operación fue hasta divertida, no dolía, estaba despierto y drogado de lo lindo, recuerdo que sólo habían hombres en el quirófano y yo voy de liso y digo: ¿no hay mujeres aquí?.. y trajeron una enfermera.
Tras la operación, 2 días con una venda en la cabeza, tras 2 semanas después para quitarme los puntos.. y tras un mes después de la inchazón y la sensibilidad de las orejas.. llegó el resultado. Estaban como tenían que estar, más cerca de la cabeza, eras una orejas "normales" como suelen estar las orejas, cerca de la cabeza, y no despegadas.
Pero.. y después de todo esto.. dirás.. ¿y si te has operado y tienes las orejas en su sitio, que fue lo que tanto daño te hicieron, por qué sigues atacándote y sigues sin tener autoestima? Pues yo creo que.. muerto el perro.. no muere la rabia, creo que los insultos y las risas de cuando era pequeño no se borran con una operación, esas risas e insultos llegaron a ser traumáticos, la operación me ayudo a tener más seguridad para salir a la calle sin pensar que se reirán de mis orejas; esos insultos dañaron en su día mi autoestima, que puede que esté casi "muerta", pero yo no sé como quitar o arreglar ese daño que en su día me hicieron. Y ahora, de esa tragedia, pues me río de mi, y haré un tragicomedia.. porque.. quién sabe qué es lo que puedo hacer...

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